Calamidad el día de la graduación

He querido volver a recoger este texto que escribí después de mi graduación en periodismo. Sin duda, un episodio que a más de una le habrá pasado:

Puedo suponer que a muchos les parecerá una simpleza pero para una joven recién titulada, o al menos a punto de convertirse en ello, tal suceso puedo ser un pequeño desastre, que no olvidará en su vida.

La calamidad comienza mucho antes de lo que una pueda suponer: el día en el que eliges la fecha para la graduación. Ahí comienza la carrera en picado que no puede hacer más que caer y caer. Generalmente las fechas elegidas no vienen dadas con raciocinio, sino que responden a una selección debida al azar: el uno de julio (con todo el fresco).

Primero piensas el poco calor que vas a pasar, luego piensas en el poco calor que también pasarán tus pies, y comienza a invadir tu interior un sentimiento de ahogo que culmina en la siguiente sentencia: no voy. Claro que luego vendría la reprimenda de tus compañeros y compañeras, de tu madre, el “no lo entiendo” de tus amigas, que ya han pensado en reutilizar el vestidito de verano con estampado de flores para ese día.

Pero volvamos. Ya estamos en la siguiente estación de este viaje: el vestido. La cuestión es que normalmente tendemos a pensar que el encontrar la prenda adecuada siempre va a depender única y exclusivamente de lo bien que le siente a nuestro cuerpo. Y se nos olvida pensar que hay un ser superior, que es el señor dueño del imperio de la mayor parte de las tiendas de moda (y sus asesores), que son quienes verdaderamente eligen lo que vas a poder llevar puesto. Me explico: la cuestión del vestido, es una idea fija que se dibuja en tu mente sobre cómo quieres ir en tan señalado día; algo así como un vestido estampado, discreto, no de tirantes, con una caída amplia desde la cintura, con sandalias que te alzen lo suficiente como para poder andar. Ahora ponte a buscarlo.

Con un poco de suerte, esta maniobra ha marchado bien y te plantas en la siguiente estación con un vestido que consideras perfecto, que va a ir al fondo del armario hasta que pasen los exámenes y mientras tanto, un buen día, por casualidad pasas por la tienda que menos espera y allí están las sandalias. Y pasan los exámenes y al fin llega ese día. La cita comienza a las seis de la tarde, pero claro, hay que arreglarse antes para llegar al ensayo. Eso supone prepararte sobre las cuatro de la tarde, vuelvo a repetir, del uno de julio. Todo preparado, el vestido, los zapatos, el bolso a juego, el maquillaje, y por comodidades en las que no me voy a detener, decides lucir unas medias de verano. ¡Oh maravillosas medias de verano! ¡el tejido más fino que la máquina ha podido crear para la mujer! ¡y en qué hora!

Para aquellos que no resulten navegantes típicos de este mundo, aclararé que las medias de verano se suelen vender en paquetes de dos o de tres, suelen ser de un color casi invisible porque la idea es que parezca que no llevas medias, y carecen de costuras para que a uno le cueste adivinar si la otra personas las lleva o no. Lo importante aquí es el detalle de que se venden en paquetes de varias medias. Esto tiene su explicación, es más, tiendes a recordarlo cuando te das cuenta de que son las cuatro de la tarde, tienes que salir de casa en una hora y solo queda el último par. Traducido, esto significa que tienes que prestar una completa atención para encajarlas perfectamente, sin tirar demasiado al ajustarlas o la carrera recorrerá toda tu pierna y sin piedad llegará a la punta final que calza tu dedo gordo del pie.

Y ahí está, las cuatro y diez y una pedazo carrera en las medias recién estrenas, que para mayor aplomo, crece a cada paso que das de manera histérica por la habitación. Ahora me dirán que la solución es no llevarlas; pero insisto, no voy a detenerme en explicar que eran necesarias.

Se declara lo que se suele decir “gabinete de crisis” entre tu madre y tu mejor amiga, las mejores consejeras que pueden prestarse ante esta situación: la primera sugiere laca de uñas transparente para frenar el desastre y la segunda, aparece con la solución estrella, unas medias nuevas y para que decir, que mucho más allá del doble de caras de lo que costó tu paquete. Fin de la hecatombe de quince minutos y todos listos para la graduación.

1 de julio de 2010

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