La loca historia del plugin Jones

Fundido negro de entrada. La escena se ilumina poco a poco en forma de círculo desde el centro. Se ve el ambiente de una sala de fiesta durante la llegada de los invitados. Comienza a sonar música mientras sube el murmullo de la muchedumbre…

Bueno, esto funciona así: entro y me hago la despistada mientras consigo agarrar una copa de algo que no tenga alcohol. Busco a las chicas y para entonces todo es serenidad.

En esto que le doy la vuelta a una columna que hay en el lateral de la sala y bualá ahí están. Consigo ver que mis chicas están acompañadas esta noche, resulta que además es compañía masculina. Tras la típica ronda de presentaciones de las que puede ser que tengas suerte y recuerdes algún nombre, conseguimos salir todos airosos. Los nombres comunes son fáciles de recordar y de agrupar, pero al rato es bastante difícil saber quién era quién, ¿por qué demonios no tendrán nombres más llamativos?

Entre chistes y bromas, la fiesta marcha. Estamos en la presentación de algún nuevo tipo de chisme informático, ya no recuerdo si software u otro aparatejo para llevar Internet a todas partes. Y en esto que uno de los acompañantes de mis amigas comienza hablar de algún tema que llama mi atención. Parece que nuestros circuitos pueden conectar.

Es un chico bien, guapete para que mentir, que parece tener tema de conversación. Me habla de sus viajes de verano, incluso de lo que recuerda de la infancia y de la adolescencia. Las horas se me pasan volando y de pronto me doy cuenta de que me he olvidado del resto de la gente. Bueno en realidad, parece que esto ha terminado así que será mejor que todos nos vayamos retirando, previo intercambio de números de teléfono.

Aquella noche la recuerdo muy bien, es más, es un recuerdo más que grato. Sin embargo, desde entonces tengo una extraña sensación que me descoloca por completo. Aquel chico tan encantador, pongamos que se llama Firefox, no me devuelve algunos mensajes. No sé, tal vez me esté volviendo loca pero creía que las cosas no saldrían así. Tal vez proponga otra quedada…

Fundido negro que cierra el círculo. Se acaba esta escena.

Han pasado ya un par de semanas y Firefox me sigue pareciendo un chico tan atractivo, y no lo digo por cuestiones de físico (sí es muy mono) es que veo en él muchas de las cosas que yo busco. El hecho insólito es que desde hace un par de días, he comenzado a intercambiar algunos mensajes con otro de los chicos de la fiesta, pongamos que se llama Chrome. No sé, tal vez me equivoque, pero creo que esto se empieza a liar demasiado.

Fundido negro de salida y blanco de entrada.

Veamos, al parecer resulta que Firefox, el atractivo y encantador chico de la fiesta, está locamente enganchado a mí. Pero, resulta que según me han dicho, sufre de pánico ante posibles relaciones que impliquen la entrega de más sentimientos de la cuenta, por si llega un final y le toca sufrir.

En resumen, Firefox 10 quisiera implementar un nuevo plugin para su versión beta como Firefox 11, pero tiene miedo de que el nuevo plugin Jones (vamos a poner que yo soy LS. Jones) pueda retardar alguna de sus mejoras de rendimiento.

Por otro lado, Chrome versión 16 está trabajando en su versión 17, ya que cuenta con un plugin con “derecho a roce”. Curiosamente Chrome ha manifestado interés por abrir negociaciones con plugin Jones, mientras Jones se plantea que tal vez deba negociar con otro navegador.

La historia acaba en una secuencia con neblina.

En la última reunión social mantenida con mis amigas, en la que también se encontraban Firefox y Chrome, la situación fue bastante violenta.

Por un lado, Firefox mantenía las distancias conmigo, Jones, mientras trataba de cuidar que disfrutara el encuentro. En el otro lado, se encontraban Chrome y su plugin con “derecho a roce”, quien intentaba bloquearme cual pop-up. Y aunque Chrome también intentaba cuidarme en la distancia, ese maldito plugin es demasiado agresivo.

Así que, aquí estoy yo, el plugin Jones, confundida aunque no desolada, meditando cómo puede ser que vuelva a entrar en una extraña dinámica de relaciones que no llevan a ningún negocio. Tal vez lo más sabio por el momento sea no comentar que estoy trabajando en la mejora de mis prestaciones, mientras mantengo en privado las noticias de las últimas jugadas.

“¿No puedo encontrar una historia fácil y sencilla?”

 

Dedicado a la señorita LS. Jones y sus historias

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