Escaparse a media noche

Dijo ven y ella no lo pensó. Miró el reloj, sólo eran las 22.19, aún podría coger el metro, tendría tiempo hasta de cambiar de línea. No hacía falta pensar mucho el recorrido, lo importante era el destino.

Cogió el móvil, las llaves y el abono. Bajó corriendo las escaleras sin despedirse y de pronto sintió el frio de la noche. Ni eso era importante. Llegó a las taquillas, picó y tuvo suerte de coger el primer tren sin esperar.

Le faltaba el aliento, no por las prisas sería más bien la emoción. Se sentó y miró el reloj de nuevo. Aún era temprano, llegaría cuando él estaba apunto de meterse en la cama. Y de pronto se dio cuenta: llevaba ya el pijama puesto.

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