La pequeña y esponjosa nube

Érase una vez que se era una pequeña nube esponjosa de un tenue color azul. Tenía en su poder cinco tibias gotas de lluvia. La esponjosa nube vagaba de un lugar a otro buscando el sitio más propicio para dejar caer sus cinco tibias gotas de lluvia. La pequeña nube ansiaba hacer algo grande con sus gotas de lluvia, esperanzada en darles un buen uso.

Llegó un día en el que la pequeña nube esponjosa se dio cuenta de que había encontrado dos posibles soluciones a su ansiado deseo de hacer algo grande con dos de sus cinco tibias gotas de lluvia.

Encontró un verde prado en el que crecían cinco hermoso árboles frutales. La pequeña nube pensó que alimentado a los árboles con sus gotas de lluvia, algun día, éstos darían unas hermosas frutas que darían de comer a mucha gente. Pero también encontró un bello rosal. Tal vez sus gotas alimentarían al bello rosal para que diera unas bellas rosas con las que deleitar la mirada de aquellos que pasasen cerca de él.

Decidió la pequeña nube esponjosa tomarse un tiempo para reflixionar al respecto. Se dió cuenta del resultado de ambas acciones y se dirigió al certe prado en el que crecían los cinco hermosos árboles frutales y dejó caer sobre cada uno de ellos sus tibias gotas de lluvia.

Los hermosos árboles agradecieron la amabilidad de la pequeña nube y recompensaron su hazaña al llegar la primavera con unas hermosas frutas. La pequeña nube se sintió recompensada por lograr hacer algo grande con sus tibias gotas de lluvia y por saber cómo compartirlas.

enero de 2009

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