Diario de una periodista en paro – 2º parte

No pensé que una reflexión materializada en un recorrido temporal fuera a tener tanto éxito, vamos que no pensaba que os fuera a interesar la primera parte de este proyecto. Pero está bien, muchas gracias a tod@s y aquí voy con la segunda parte.

Como pudistéis leer en la primera parte de este diario, me dediqué un poco a hacer balance de los caminos por los que fui en mi vida estudiantil, para dejaros con la miel en los labios a la hora de desvelar mi camino profesional.

Hace ya unos cuantos años, cuando las tiendas online eran casi una ficción en España y yo comenzaba mi primer año de universidad, descubrí que una de mis inquietudes era el ganar un dinero extra con mi esfuerzo, del que luego viviría prácticamente el resto del año. Así fue como con una suerte increíble y sin experiencia fui a parar al departamento web de unos grandes almacenes que todos conocemos.

No os voy a mentir, a día de hoy lo sigo pensando. Si tu primer trabajo en la vida es tan divertido, en él aprendes a ser aún más cultureta y encima haces una nueva amiga, te darás cuenta que volver a alcanzar ese climax laboral te costará bastante.

De aquí hasta mi última experiencia laboral, de la que prometí hablaros, he pasado por varios puestos en estrecha relación con las carreras que he ido estudiando. Que la verdad esto ha sido un suerte.

Pero mención aparte tiene esa salida laboral que escoges nada más terminar la carrera, por querer ser ilusa y pertenecer a un reducido número de personas que terminan la universidad con un puesto de trabajo (hablo de mi sector no generalizo).

Había logrado entrar en la empresa gracias a un convenio de beca con la universidad, porque no hace falta que os cuente mi teoría de que si los becarios se pusieran en huelga, el país terminaba de hundirse.

Pasaron los primeros meses y yo me sentía muy agusto  allí. Todos los días aprendía algo nuevo, tenía unas compañeras magníficas y un jefe de esos que no olvidas en la vida. Aunque muchas veces el horario de trabajo era matador, el ambiente era tan gratificante que todos los días volvía a casa entre risas.

No sé, tal vez las cosas buenas no pueden durar mucho tiempo o tal vez hay gente que no puede soportar la idea de que los demás sean felices y tiene que meter la tijera por donde sea. Los días felices acabaron. Los cambios se convirtieron en algo diario. Uno se sentaba en su sitio y no tenía claro ni qué tenía que hacer, ni a quién debía responder y casi llegó un momento en el que poco más y no sabías cuál era tu asiento esa semana.

Y aunque pueda parecer que la época de las risas dio lugar a la época de la incertidumbre, cuando tienes buenas compañeras de trabajo todo resulta mucho más fácil. Es cuestión de saber trabajar en grupo, de proponerte que las malas gestiones no afecten nunca a tu ritmo y seguir luchando día a día por seguir haciendo tu trabajo aún mejor que el día de mañana.

El plato frío ya estaba servido y por mucho que una se empeñe en superarse, en ver las cosas positivas, en no dejar que los nervios se apoderen de tí y siempre intentar sacar algo que aprender, no todo en la vida depende de tí. Generalmente están “los otros” que toman las decisiones gordas.

Para mí, las cosas aún parecían más confusas cuando llegado el verano, veía ya muy cerca el final de mis días de becaria, dado que los convenios de la universidad se extienden hasta septiembre del curso en el que te has matriculado, esto por lo general.

La verdad sea dicha, al ser verano, no le di una graaan importancia o no la que se merecía aquello. Pero el caso es que por azares de la vida se pusieron en contacto conmigo otras dos empresas con las que tenía relación por una u otra cosa. Tonta de mí decliné ambas ofertas al seguir apostando por el proyecto en el que estaba. Mal.

Y llegó septiembre y la sopa seguía fría. La desilusión fue plena cuando me di cuenta de que ciertamente había dejado escapar dos oportunidades. ¿Cómo lo supe? Porque efectivamente mis días de becaria llegaron a su fin para dar comienzo a los días de precaria. No merece la pena que me detenga a comentar a estas alturas que los empresarios se ríen de los jóvenes, seas becario o seas recién llegado…

Hay veces en la vida que cuando eres sumamente feliz el tiempo pasa deprisa pero también hay veces que cuando no lo eres plenamente, pero al menos sabes cómo sacar partido a las cosas, también el tiempo vuela. Y así llegó diciembre y lo que a día de hoy puedo resumir del siguiente modo:

Comencé mi vida laboral con un trabajo a media jornada, con un equipo de personas que éramos completamente distintas pero que sabíamos sacarle la sonrisa a aquel trabajo. Se ha parado mi vida laboral (remunerada, la altruista continua) con un trabajo a jornada completa con horarios infernales, en el que he conocido un grupo de profesionales que se merecen muchísimo más, con los que he aprendido sobre el mundo web lo que nunca pensé que aprendería en un trabajo, pero también he conocido la desilusión al toparme con la realidad del mercado laboral. Uno se convierte en un número para la empresa, puedes sobresalir en tu trabajo y de qué manera, pero no cuentas lo suficiente para conocer cómo funciona tu empresa y ser capaz de luchar por ella y, al final del camino, eres algo tan deshumanizado que incluso deciden prescindir de tu puesto el día antes de Navidad.

Menos mal que soy consciente de que una mala experiencia es una lección. Menos mal que aprendí hace unos años que de las cosas negativas uno tiene que olvidarse para recordar tan sólo lo bueno que había en todo eso.

[To be continued…]

2 pensamientos en “Diario de una periodista en paro – 2º parte

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