Solteros y solteronas

Yo no fumo. Detesto ese intenso olor en mi ropa y más aún, detesto ese sabor en una boca ajena. Pero esta tarde era diferente: me entretenía con mirar como se consumía el cigarrillo en el cenicero mientras nos traían el café. Eché un vistazo al periódico y seguidamente volví a ponerme las gafas de sol. Es curiosa la sensación de desayunar al sol, en pijama pero con unas grandes gafas de sol.
Como decía estaba mirando el periódico y leyendo casi entre líneas, como ejercicio de abstracción cuando de pronto me vino a la cabeza ese cierto debate de esta sociedad la nuestra, que se empeña en hablar de igualdad. ¿Igualdad?

Personalmente, no tengo miedo al reloj biológico, aunque ahora que se acerca un año más, sí puedo decir que no me gusta la sensación de cumplir años. Tal vez es porque aún soy bastante joven, me queda absolutamente todo por hacer, pero no siento esa necesidad de ir atando hilos para llegar a lo “políticamente correcto”: eres mujer, cásate y ten hijos. O de lo contrario serás una penosa solterona.

Bien, si el reloj biológico suele hacer tictac cuando se llegan a los 35 años, de una manera alarmante e incluso hay madres tan joviales que ya acucian a sus niñas con eso de que “van a quedar para vestir santos”, ¿por qué resulta que un hombre con esa edad es un soltero de oro? Incluso el periódico hablaba de una clase referente a parte con unos hábitos de consumo propios y muy reconocidos. Eso sí, ellas, o son arpías o frígidas, ¿qué otro sentido tiene?

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