Diario de una periodista en paro – 5º parte

Hace ya más de una semana que no os hablo de mi aventuras como “periodista en paro” en modo “búsqueda activa de empleo“. Pero hoy es un buen día para continuar con el hilo de la cuarta parte de este mi diario, en el que comentaba el morro que le echan los empresarios a la hora de colocarte en cualquier puesto y, su gran atención y cuidado a posibles futuros trabajadores.

Siento anunciar que hoy vais a leer más de lo mismo porque si algo he percibido en estos meses es lo siguiente: tú eres trabajador desempleado, eres lo que está más abajo. En cambio en el otro lado está el empleado encargado de las acciones de RRHH o el empresario, que no tiene más tiempo que el que dedica a entrevistarte y ofrecerte un mísero sueldo a cambio de un puesto en SU EMPRESA.

 6 de febrero. Bolsa de la universidad

Estoy segura de que todos y todas hemos usado en muchas ocasiones el calificativo de “rata” para referirnos a una persona que no es que le guste tener suelto en la cartera, es que pierde muchas ocasiones por no querer sacar ese mísero suelto. Pues esta es la forma en la que me referiría para denominar a otra empresita de la que como siempre, no daré nombre.

Otra de las vías para encontrar empleo siempre son las socorridas bolsas de empleo de las universidad, que por si pensáis que sirven de algo, ya os digo que sí, pero si puedes ser becario. De lo contrario más vale que la bolsa de empleo sea la bolsa de un profesor… supongo que me entendéis. Aprovecho para hacer un inciso y recalcar que quien lea esto debe pensar que hablo de mi área, no generalizo a cualquier sector.

Bien, pues por suerte había una oferta de empleo (que no de beca) para una agencia que había fichado el mismo año que terminé la licenciatura. Ya os podéis imaginar, se dedica a un sector que me entusiasma, situada en un lugar más que perfecto, parece que tiene buen rollo, personal joven, bla bla bla. Como os decía, cuando finalicé la licenciatura me inscribí en una oferta de becario para los meses de verano y ya en aquella ocasión no obtuve respuesta ninguna ni enviando el CV por email en lugar de enviarlo por la plataforma.

Ya sé que muchos estáis pensando que bueno, que es normal que no te contesten cuando envías el CV porque lo han hecho no sé cuántos más. Pero os voy a decir una cosa, es muy fácil tener una plantilla tipo guardada en gmail y configurar una respuesta tipo automática.

Pues bien, ahí fui yo a enviar de nuevo mi CV por ambas vías, tanto por email (facilitado en su página web) como por la aplicación de la bolsa de empleo de la universidad. La oferta sonaba sin duda apetitosa, pero tenía un truco que no sonaba nada bien: periodista recién licenciado inscrito en el paro desde al menos enero de 2010. Claro, tú en tu inocencia y en tus ganas de encontrar trabajo lees esto, y no puedes creer que si tu perfil encaja por completo con lo que están buscando, no sean capaces de ver más allá y decir, bueno es un perfil estupendo, podríamos verlo.

¡No! ¡Es aún peor! Obtengo una breve y seca respuesta al envío de mi candidatura en la que una señorita me pregunta si estoy inscrita en el paro y desde cuándo, que querían saberlo para si eso concertar una entrevista. Como no soy partidaria de medias tintas y muchos menos de contar la verdad en el último momento, amablemente la respondí comentándole que efectivamente estaba inscrita en el INEM pero que la última inscripción era de enero de este año. Pero que aún así, desde mayo de 2010 tan sólo había tenido un contrato de poco más de dos meses de duración.

Y de nuevo silencio. Y de nuevo me paro a pensar en la oferta y, ¡un momento! He dado con una de esas ofertas dignas de enmarcar, que más de un retwitteo me gané ante mi indignación. Se busca periodista recién licenciado, ¿dos años en el paro? A mí las fechas no me cuadran… lo que me cuadra es lo genial que debe ser contratar con ayuditas.

  13 de febrero. ¿Eso qué es?

Cuando estoy buscando empleo a través de los portales especializados en ello reconozco que muchas veces no sé ya ni dónde estoy y dónde no estoy. Una de esas páginas en las que me sorprendo de estar registrada es Monster, que la verdad, con ese nombre tiene poco atractivo para quedar en la memoria de la gente como un portal de búsqueda de empleo.

El caso es que me inscribí en una oferta de redactor web a través de esta web. Como me inscribo en muuuchas ofertas a lo largo de la semana, no suelo recordar al 100% todas ellas, aunque sí las más llamativas. Esta era una de las que no recordaba muy bien.

Ya desde el principio la cuestión empieza de manera extraña. En lugar de la típica llamada breve de unos minutos para poder localizarte, saber cuál es tu disponibilidad y concertar una cita para una entrevista personal, la toma de contacto fue a través de correo electrónico.

Bueno, para un puesto de redactor web piensas que esta forma de contacto es muy “on”, ¿verdad? Así que allí fui yo, de nuevo a otra entrevista personal. Resulta que esta empresa está especializada en cierta temática concreta y sus portales están dedicadas a la misma desde distintos puntos de vista. Todo muy interesante.

La oficina era un lugar pequeño no, lo siguiente. Entrando directamente a la sala de reuniones das con la “redacción”. Bueno pues de nuevo una imagen de modernidad y de que allí se está a lo que se está.

Otra sensación es la que te llevas después de la entrevista. La persona que me entrevistó en esta ocasión llevaba la etiqueta de “empresario” ya que era uno de los socios del cotarro. Extranjero y bastante simpático. Tras las típicas preguntas de ruptura del hielo, del tipo qué haces ahora, porqué dejaste tu último trabajo, llega la primera pregunta estrella: ¿Me puedes hablar un poco de tu formación? Yo este discurso casi me lo sé de memoria: empiezo por la titulación más acorde con el puesto, generalmente la licenciatura, para terminar por recordar mi primera titulación universitaria: diplomatura en biblioteconomía y documentación.

Lo que no me esperaba en ningún momento es que el entrevistador pusiera cara de póquer y me preguntara: ¿y esto para qué es? ¡No puedo creerlo! ¿Otra vez? ¿Cuántas veces me han preguntado de qué va eso? Que nadie me venga ahora preguntando “de qué va” porque tengo algo que decir: a todos nos han dado el tostón con técnicas de preparación para entrevistas pero creo que más de uno se podría preparar también su entrevista, ¿es que sólo yo tengo que cuidar mi imagen como demandante de empleo? Las cosas claras, no es así, insisto, la buena imagen debe ser algo recíproco.

Así que cuando en la segunda parte de la entrevista me pidió que le tradujera un texto del español al inglés, después de que yo hubiera releído varias veces la oferta de empleo para asegurarme de que no me llevaría una sorpresa de este tipo, sabía que de allí no saldría nada bueno.

El texto para traducir era chungo, especializado, con mucho vocabulario que desconocía. Tras un rato para realizar el ejercicio vuelve el entrevistador y vemos el resultado juntos. Le comento que me parece un texto complejo y me responde que bueno, él tampoco es bilingüe. Tras finalizar el repaso con una media risita apoya mi teoría de la complejidad y me dice: tienes razón era difícil, he cogido el primer texto que he tenido a mano y no lo había leído antes. (¿HOLA?) Y bueno, mejor en las condiciones de sueldo no voy a entrar…

CONCLUSIÓN: le dedico estas palabras a mis compañeros universitarios de biblioteconomía, cuántas veces nos preguntarán de qué va eso (en lugar de decir, no conocía esta carrera cuéntame sus salidas). Y como conclusión de esta quinta parte solo diré que por favor, la imagen de una empresa se debe cuidar en todas las facetas de la empresa, por todos los de la empresa y por los diversos canales de comunicación de la misma.

[To be continued…]

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