Teoría sobre las dos clases de hombres: el común y el cocinillas

Esto de estar más tiempo en casa le da a una momentos de esos dignos de una película muy española. Especialmente dignos de mención son los momentos “radio patio“, que antes tu madre te comentaba durante la cena pero que ahora vives en primera persona.

Sin ir más lejos ayer disfruté de una interesante programación esporádica de radio patio, con tertulianas de primera clase como son: mi madre y la mujer del portal de al lado (sin más detalles).

La sesión al aire libre y disfrutando de las agradables temperaturas al solano de estos; el tema, bueno pues para romper el hielo la primera charla se centró en lo difícil que está el panorama para los jóvenes con vistas a un futuro laboral inmediato. Una vez superados los primeros minutos de radiodifusión, se presentó el tema central de la tertulia: los hombres. Para ser más específicos: las dos clases de hombres.

Veréis, creo que ésta es una conversación madurada en boca de nuestras madres pero que se repite a cualquier edad y casi que diría en cualquier tipo de relación hombre-mujer que comienza a ser estrecha. Existe a grandes rasgos una clara distinción entre dos clases de hombres: los que no tienen ni idea de dónde guardamos la sal y los que saben la cantidad exacta de sal que se le pone al guiso.

Generalmente, las mujeres solemos decantarnos por la primera clase y es que amigas y amigos, es la clase más común. Como si de una derivación se tratara, cuando nuestro hombre pasa a estar a nuestro lado, tú te conviertes en la perfecta sustitución de su madre. Me explico: se levantan por la mañana completamente indecisos, qué me pega con esta pantalón, te preguntan… ¿y estos zapatos le va bien a ésto otro? Y la cosa no acaba aquí, porque si por casual no hay pasta de dientes, no recuerdan exactamente en qué mueble se guarda el dentífrico de repuesto.

Dar un paseo tranquilo por la tarde se convierte en una maratón, y es que a más de una se nos ha pasado por la cabeza dejar que sigan andando a ese ritmo, que ya llegaremos a casa nosotras. Ir de compras con ellos es como llevar a un niño pequeño de la mano y encima tener que arrastrarles, porque aquí adoptan variadas posturas que van desde el atontamiento (yo creo que producto de las fragancias y de las luces de los comercios) a la postura de “compra eso mismo ya pero vámonos”. Claro que si se trata de comprarles algo a ello, por necesidad pura y dura, la cuestión cambia y mucho. Quieren una verdadera opinión, que tú recuerdes el resto de su armario para que no se compren algo que no encaja o que sea repetido, que recuerdes la talla de su ropa interior y si utilizan calcetines de caja alta o baja.

¿Qué harían sin nosotras? Madres, hermanas o novias, no importa. Nos dejan momentos de la mejor comedia escrita sobre la vida misma.

Por otro lado está el espectro contrario. Este tipo de hombres no es tan común, por suerte son la minoría. Y digo por suerte porque muchas decimos eso de “yo quiero un hombre que sepa cocinar”. No queridas, queremos un hombre que sepa ayudarnos a cocinar. El típico que lo sabe todo, que se apodera de la cocina, que incluso se atreve a decirte que conjuntas mal los colores, es un pelma redomado con un tono de sabiondo que ataca a cualquiera. Se atreve a montar un mueble mejor que cualquier profesional dedicado a ello, es capaz de pulirte los muebles (y dejar los restos, en esto no cambian), el bricolaje se convierte en su obsesión, que no en su pasión, y hasta harían una instalación eléctrica en casa.

Así que da igual la edad que tengas, el tiempo que lleve a tu lado tu pareja, esta teoría es muy cierta y sobre gustos no hay nada escrito. Servidora se decanta por el clásico perfil sustitución madre-esposa, tu incredulidad sobre su ligera ignorancia en asuntos cotidianos te dejará momentos irrepetibles que ni un pollo asado a la cerveza que no has podido ni ver en el horno, te podrá dar.

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2 pensamientos en “Teoría sobre las dos clases de hombres: el común y el cocinillas

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