Hacer dieta, ¿existe el milagro?

Ahora que se acerca el mes de mayo comienza a ponerse seria la carrera por la operación bikini. Voy a ser sincera y quiero que se tenga muy en cuenta que no soy especialista en nutrición ni en dietética, pero la operación bikini no es una cadena de acciones ha realizar dos o tres meses antes del verano, debe ser una rutina diaria en tu vida.

Hablo con conocimiento de causa cuando os digo que una dieta milagrosa no existe, pero que el cuidado del cuerpo como ejercicio diario y constante sí. Durante mis dos años de instituto apenas le daba importancia al aspecto de mi cuerpo, aunque sabía que mi peso no era el adecuado para mi estatura y en realidad, sentía algunas frustraciones que con los años he ido percibiendo.

Efectivamente el sobrepeso tiene dos componentes: principalmente está el tema de la salud, todo tu cuerpo se resiente e incluso nuestro armazón básico (el esqueleto); pero por otro lado está la salud mental, porque aunque a todas nos gusta decir que tu cuerpo no debe ir ligado con tu autoestima, en el fondo sabemos que estar feliz con una misma es la mejor manera de ser feliz.

Pues bien, finalizado el instituto llegó el largo verano pre-universitario. Aquel verano tuve la entereza de aceptar que mi sobrepeso debía terminar, que era hora de quererme y cuidarme como nunca lo había hecho. Ni cremas anticelulíticas y mucho menos cualquier tipo de pastilla que promete y luego no resulta; era hora de hacer lo que hay que hacer.

En primer lugar está el tema el del ejercicio. En mi caso no fueron necesarios gimnasios, ni entrenadores ni tablas de ejercicios agotadoras. Fue tan sencillo como lo que os voy a explicar: la zona de mi cuerpo que quería trabajar y por la que me sentía un tanto acomplejada era el culo y las cartucheras. Detesto correr, me aburre muchísimo, así que la solución óptima fue la bicicleta estática.

Aunque voy a confesar que como tenía tiempo de sobra me maté durante casi tres meses haciendo unas dos horas diarias de bicicleta, el plan de actuación no tiene por qué ser así. En mi humilde opinión diría que una hora de bicicleta combinada con un buen paseo, también es una forma de quemar la grasa que nos sobra.

Lo importante a la hora de decidir el tipo de ejercicio y el tiempo que le vamos a dedicar es tener en cuenta los siguientes puntos:

  • Qué zona de mi cuerpo voy a trabajar.
  • Qué ejercicio es el más adecuado para trabajar esa zona.
  • Cuánto tiempo tengo para dedicarme a esta actividad. Y aquí hay que ser muy sinceras con una misma, porque este tiempo va a ser el que le dediquemos todos los días, ya sea media hora, una hora o dos.

Y en segundo lugar está la cuestión de la comida. Cuántas veces me habrán dichas mis amigas que el tema de la comida es lo que peor llevan para hacer dieta, porque no quieren despedirse de esto y de lo otro. Pues yo siempre les respondo lo mismo: no te vas a quitar de comer nada, simplemente debes cambiar tu forma de tomar esos alimentos.

Sí es cierto que en los primeros meses debes combinar más tiempo de ejercicio con alimentos más sanos, pero no hay misterios: olvídate de las salsas, del ketchup y los fritos. A partir de ahí es todo “coser y adelgazar”, procura comer tus raciones de verduras, carnes y pescados a la plancha (y no te pases con la sal ni con el aceite), dosifica la cantidad de pasta y come mucha más fruta. E importante, acompaña tu dieta con al menos dos litros de agua al día, sin contar la que puedas beber en las comidas.

Mi cambio en la rutina de alimentación en los tres primeros meses de la dieta se basó en tomar todo a la plancha, no tomar salsas (un poco de ketchup una o dos veces a la semana no se podía evitar), reduje la cantidad de pan a dos cortes para cada comida (mediodía y cena) y distribuí las piezas de fruta para cuando entra el hambre entre horas. Pasados los tres primeros meses con una bajada de peso considerable, me permitía algún capricho como algún bollito o alguna comida un poco más copiosa, pero esa ingesta la compensaba con platos menos abundantes a la hora de la cena, por ejemplo.

De esta manera conseguí perder 13 Kg. en 4 meses, y por cierto, no los he recuperado, sólo el típico kilo abajo kilo arriba que te tiene siempre alerta.

A continuación os dejo un diario semanal a modo de ejemplo del plan de dieta que seguí durante cuatro meses. Es importante que también tengáis en cuenta que una dieta debe plantearse en varios meses, nada de quemar grasas en dos meses porque vuestro cuerpo no os lo agradecerá.

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