El post de las máquinas de escribir

Una semana después de mi iniciativa para los sábados de este precioso mes de noviembre, aquí vengo con la segunda entrega. Esta vez le toca a otra de mis pasiones: las máquinas de escribir.

Aún recuerdo engancharme los dedos entre las teclas de la vieja Olivetti de mi padre y tener que correr el carro para volver a empezar… igualito que el clic clic del ratón…

Ella decía que quería ser alguien importante. Cuando se le metía eso en la cabeza y hablaba de retomar sus objetivos, parecía hablar en serio. 

Yo iba a ser una escritora de renombre, me decía. Lo tenía decido desde muy pequeña, después de haber devorado los libros naranjas de Barco de Vapor. Aún los conservaba y tenía algún que otro ejemplar en la estantería del salón. 

A veces cogía alguno, se sentaba en el suelo del salón, absorbía el olor del papel y se marchaba a otro mundo lleno de sus personajes. 

De vez en cuando también sacaba de una vieja carpeta algunos folios ya amarillos. Pasaba el dedo sobre las letras y la nostalgia la invadía. Tal vez en ese momento recordaba que se vía con el maletín negro de la vieja máquina de escribir bajo el brazo, montañas de folio a su lado y alguna novela de éxito publicada antes de los 27 años.

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