Ocho hamburguesas

Mientras seguía pensando cómo había llegado a esa conocida sensación: estar sola en el mundo, sin que nada más importe, en su pequeño piso céntrico pero no tanto, miraba la pila de hamburguesas.

Se había levantado con “el mono” de ese pan dulce de la hamburguesería que queda al volver del trabajo y era tan tarde que el cuerpo no le pedía otra cosa.

Claro que, ocho hamburguesas apiladas unas sobre las otras en la bandeja negra que su compañera de piso solía usar para llevar a su chico el desayuno a la cama, no era su plan inicial.

Acompañar las hamburguesas de una cerveza fría ya era el broche final.

A la mierda la dieta que nunca se acaba, fuera el verde y que la grasa que se acumula en el culete no tenga mayor importancia. Así es como ella definía la libertad de la mujer joven de hoy en día: sentir que podía hacer lo que ella quería sin importar las normas del resto del mundo.

… el kilo de más a la mañana siguiente siempre ha sido el camino del vuelta al mundo real.

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